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Pregón del Día de La Rioja 2018

Excelentísimo Sr. Presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja,

Alcaldesa de Santa Coloma,                            

Excelentísimas e ilustrísimas autoridades,

Señoras y señores:

 

Tengo la fortuna de estar aquí un año más, como presidenta del Parlamento, para dar la bienvenida a este día que nos recuerda quiénes somos. Un día que, como siempre, celebramos juntos, con todos los riojanos.

Por eso quiero que, desde el principio, sintáis que este pregón es de todos. Cada palabra, cada inflexión, cada sentimiento depositado entre líneas, son de todos. De cada hombre y mujer de esta extraordinaria tierra para la que trabajamos día tras día, para la que luchamos día tras día. Yo aún diría más, para la que soñamos día tras día. Porque cuando soñamos algo, cuando creemos en algo, lo creamos, lo hacemos realidad.

Esto es lo que ocurrió hace algo más de doscientos años en este bastión emblemático entre la sierra y el valle. Aquellos que formaron parte de la Convención de Santa Coloma soñaron una provincia propia, creyeron en ella… y eso les llevó a crearla, a hacerla realidad.

Quiero imaginar a los alcaldes que firmaron el Acta de la Convención sin dejarse intimidar por la dura Guerra de la Independencia. Los imagino cambiando impresiones sobre la aventura que iniciaban con valentía, apostando por reunificar una tierra que, ellos lo sabían bien, tenía una personalidad propia que la hacía brillar. Los imagino con ese cosquilleo que notamos en el estómago cuando sabemos que somos parte de algo grande. Y no hablo de grande en tamaño, sino en intensidad. Porque nuestra región es pequeña en extensión, pero enorme en emoción, que es la fuerza que mueve el mundo.

Hoy, dos siglos después, ese anhelo compartido de nuestros ancestros es una realidad.

Hoy tocamos La Rioja. Tocamos este suelo difícil, del que nuestros viticultores, con alma y oficio, han conseguido extraer el mejor vino.

Hoy vemos La Rioja. Vemos cómo han brotado no sólo nuestras bodegas, sino imponentes empresas que han ido poniendo un ladrillo tras otro para crecer hacia este cielo inundado de estrellas.

Hoy saboreamos La Rioja. Tantas delicias gastronómicas que llevan impreso nuestro sello de tradición e innovación a partes iguales. Un sello que estampamos en todos los campos, porque siempre hemos honrado nuestras raíces, pero también nos hemos abierto al futuro fascinante con curiosidad y con ansia por llegar cada día más lejos.

Y hoy escuchamos La Rioja. Escuchamos el redoble de nuestros corazones, que desde antiguo laten como uno solo.

Cuando digo “desde antiguo” estoy usando palabras de la propia Acta de la Convención de Santa Coloma. Porque el sentimiento de ser riojanos no era algo artificioso. Era algo real y auténtico, una pulsión que burbujeaba como el mosto en los lagares, y clamaba por abrirse camino. Fue precisamente este vino que corre por nuestras venas el que nos unió incluso antes de aquel llamamiento popular, cuando los cosecheros de más de medio centenar de pueblos riojanos constituyeron un cónclave para buscar nuevas formas de vendimiar. Eran conscientes de que teníamos una tierra única, unas cepas únicas, de que éramos una gente única. Tenían la certeza de que la forma de prosperar, la forma de alcanzar el infinito, era trabajar como lo que somos: una gran familia.

Este sentimiento de hermandad es lo que empujó a los alcaldes a reunirse hace dos siglos en Santa Coloma; y también lo que ha empujado a aquellos que vinieron detrás a seguir luchando, siempre con las armas legítimas de la razón y del corazón, para consolidar ese lazo hasta ganarnos el derecho a la autonomía.

***

Lo más bello de todo es que en ningún momento de esta aventura hemos pretendido levantar muros que nos distancien del resto. Cuando aquellos alcaldes apostaron por una demarcación propia en el mapa territorial español –con pleno sometimiento a la Constitución de Cádiz–, los riojanos nos sentíamos igualmente próximos a nuestros vecinos de Soria y de Burgos, con los que compartíamos la misma frontera. Nos sentíamos igualmente próximos a los habitantes de cualquier otra provincia de nuestro país. De lo que se trataba –y de lo que se sigue tratando hoy en día– no era de dar la espalda al resto, sino de todo lo contrario. Queríamos disponer de un espacio autónomo en el que poder trabajar con fidelidad a nuestra identidad única para sacar nuestro máximo rendimiento y compartir nuestros logros con el resto de España y con el resto de Europa, de las que nos sentimos orgullosos de formar parte.

Esta es la clave de nuestra conciencia autonómica: crecer para compartir, crecer para dar cada día más. Más calidad, más innovación y más autenticidad, que es la virtud que en este mundo globalizado marca la diferencia.

Este espíritu de trascendencia es lo que hace que nuestro trabajo tenga sentido. Y también es lo que nos ha inspirado para caminar paso a paso a lo largo del tiempo, desde aquella chispa primera prendida en la Convención de Santa Coloma, hasta un feliz 9 de Junio de 1982 en el que el sueño de los alcaldes se hizo realidad, al sancionarse nuestro Estatuto de Autonomía.

Desde ese día disponemos de una norma que guía a nuestros poderes públicos en el camino hacia la plena participación de todos los riojanos en la vida política, económica y social, velando siempre por la protección de nuestros valores culturales. Una norma cuyos artículos han sido y seguirán siendo valiosas balizas para marcarnos el sendero del progreso y de la madurez como pueblo soberano.

Su reforma debe servir para completar el sueño de los que nos precedieron.  Para mejorar su legado contando con todos los riojanos, defendiendo los intereses de cada uno de ellos. Para seguir fortaleciendo esa identidad que ha propiciado nuestro desarrollo. Debemos continuar la labor de aquellos que apostaron por La Rioja. Un sendero nunca fácil pero siempre apasionante si lo recorremos juntos.

Juntos. De nuevo esta palabra. No es extraño que nuestra norma y, en consecuencia, nuestra existencia misma como autonomía, esté bañada de este espíritu de unidad, de convivencia y de solidaridad. Al fin y al cabo, es el mismo espíritu que ilustra nuestra norma suprema: la Constitución Española de 1978, el primer texto elaborado con el consenso de los representantes de las diferentes fuerzas políticas, que ahora cumple 40 años.

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Aprovechando esta efeméride, quiero rendir un homenaje a todos aquellos que participaron en la elaboración y que han defendido la vigencia de un texto que es mucho más que un puñado de folios. Y es que la Constitución Española –y, por ello, La Rioja nacida a su amparo– se sustenta sobre los cuatro valores superiores de nuestro ordenamiento jurídico: Pluralismo, Justicia, Igualdad y Libertad.

Los riojanos hemos construido nuestra casa sobre estos cuatro cimientos, y por ello recibimos con los brazos abiertos a todo aquel que llama a nuestra puerta. Y del mismo modo luchamos a brazo partido contra aquellos que tratan de echar abajo nuestras convicciones y quieren imponer un orden diferente. Porque el día en el que los españoles proclamamos nuestra Constitución, nos pusimos de acuerdo en todo aquello que nos unía. En lo importante. En lo esencial. Como esencial es garantizar la convivencia democrática y la consolidación de un Estado de Derecho en el que impulsar la cultura y la economía que nos aseguran una digna calidad de vida. Siempre, desde un sentimiento y con una actitud de paz y cooperación.

Remarco esto último ya que acontecimientos recientes nos han hecho rememorar un período doloroso. La banda terrorista ETA, temerosa de la luz que desprendía el texto constitucional y todos aquellos que lo abrazábamos, se rebeló como un animal rabioso y acabó con la vida de cientos de españoles, entre ellos varios riojanos. En su día sufrimos con vosotros, acompañamos a vuestras familias y hoy os seguimos teniendo presentes en nuestros corazones y en nuestras leyes, como la de medidas de apoyo a las víctimas, recientemente aprobada en el Parlamento de La Rioja.

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Para esto nació el Parlamento. Para velar por los derechos de los riojanos. De los que fueron, de los que somos y de los que serán. Nuestra creciente prosperidad siempre ha ido de la mano de las normas que hemos aprobado, muchas de ellas con apoyo unánime de todos los diputados. Normas a la medida de nuestra identidad. Porque cada riojano es nuestra prioridad. Cada una de sus necesidades, nuestro desvelo. Si nos reunimos en la Cámara no es para comerciar con intereses políticos; es para solucionar problemas de verdad, para hacernos eco de las preocupaciones de los riojanos y buscar soluciones efectivas, que tengan un reflejo inmediato en su bienestar.

El bienestar de todos, como comunidad, y el bienestar de cada uno, sean cuales sean sus circunstancias. Los grandes retos no son necesariamente los que cambian el mundo, sino los que cambian nuestro mundo. Son aquellos que transforman a las personas y a las familias, que son la esencia de todo lo demás. Por eso nos volcamos con nuestros grandes núcleos urbanos, y también con los pueblos y aldeas más pequeños. Especialmente con estos últimos. Nos preocupa la despoblación en el medio rural. Nos preocupa que se desvanezca la esencia de nuestro pueblo, un pueblo conectado con su rica diversidad natural. Y por ello seguiremos volcando nuestra energía, creatividad y recursos en mantener vivo ese vínculo.

Superando retos como éste cumpliremos con el más acuciante de todos: devolver a los riojanos la confianza en nuestras instituciones y, en concreto, del Parlamento, nuestro templo del diálogo.

Hace unos días se cumplió el trigésimo quinto aniversario  de nuestras primeras elecciones regionales, y por lo tanto del primer Parlamento de La Rioja. Y este mismo año también celebraremos otro feliz cumpleaños: la primera treintena de nuestra sede parlamentaria. Nunca más una fábrica de tabacos, nunca más un hospital, nunca más un convento.

Entre todos lo hemos convertido en una cámara eficiente, transparente y dinámica en el debate plural. Y para que cada día sea más eficiente y más dinámica debemos respetar la institución y valorar la importancia de nuestras decisiones y la transcendencia de nuestros acuerdos. Así, entre todos, acercaremos a los riojanos nuestro trabajo diario para que lo conozcan mejor, para que lo comprendan mejor. Porque de ese modo generaremos la comunicación necesaria para seguir construyendo este proyecto común que es La Rioja.

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De este modo llegaremos hasta el último rincón y demostraremos que cada uno de los riojanos cuenta. Todos y cada uno somos La Rioja.

Aprovecho para felicitar a todos aquellos que nos han ayudado a brillar más aún. A todos los que, por su trabajo y su pasión, se han hecho merecedores de la consideración de Riojano Ilustre, Riojano de Honor y de las Medallas de La Rioja, las cuales recogerán mañana en San Millán.

Me refiero a Pablo Sáinz Villegas, a Alberto Corazón, a la Fundación Pioneros y a la Asociación de Amigos de las Crónicas Najerenses, colectivos que este año celebran el 50º aniversario de su constitución. Gracias por llevar tan lejos y tan alto el nombre de nuestra tierra.

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Quiero terminar como he comenzado. Proclamando con todo el convencimiento que este pregón es de todos. Porque cada hombre y cada mujer nacidos en esta tierra desde aquel día de 1812, aquellos que la vivieron entonces, aquellos que la vivimos ahora, y aquellos que la vivirán en el futuro, somos uno. Un sentimiento único. Un corazón único. Un alma única. Y por ello os animo a seguir caminando juntos, siempre hacia delante, para hacer que todos los riojanos de todas las épocas, sigan sintiéndose orgullosos de nosotros.

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